Peces para la vida

17 de enero de 2017
Javier Sandovar, president of the ASPYC Association of Fishermen, sells fish to a customer in Riberalta, Bolivia.
IDRC / BARTAY

Más del 50% de los hogares en el sur de la Amazonia boliviana, propensa a las inundaciones, padecen inseguridad alimentaria, con opciones limitadas para medios de vida sostenibles. Aunque los peces son abundantes en la región y son una fuente valiosa de proteínas y micronutrientes, su consumo se encuentra entre los más bajos del mundo.

La primera fase del proyecto Peces para la vida (2011-2014) ha identificado varias soluciones prometedoras para desarrollar este recurso infrautilizado a través de la gestión de la pesca y la acuicultura. Entre 2015 y 2018, el proyecto amplió las soluciones más prometedoras para resolver los cuellos de botella en las cadenas de valor de los pesca. La productividad, los ingresos y la seguridad alimentaria han aumentado, al igual que las capacidades y redes técnicas, organizativas y sociales.

Desarrollando negocios sostenibles

Las pequeñas empresas, en particular las de propiedad de mujeres y familias indígenas, se han beneficiado de una asociación multisectorial que ha brindado asistencia técnica (por ejemplo, mejor gestión de recursos y prácticas de higiene y manejo), servicios financieros y entornos legales que han ayudado a las granjas de peces a hacerse más equitativas y sustentables.

Lilian Suarez Fernandez learns about credit options for her fisheries.
IDRC / BARTAY

 Los intercambios de capacitación entre pares y las escuelas de campo mejoraron la experiencia técnica de 972 productores (el 44,3% de ellos mujeres). Se realizaron siete talleres de capacitación en cinco municipios a 146 vendedores de pescado, productores y personal municipal. Como resultado, 126 participantes informaron que mejoraron sus prácticas de higiene y manejo de pescado. Adicionalmente, se capacitó a 77 agentes de extensión de 14 municipios diferentes, 45% de los cuales fueron mujeres y niñas.

Se abrieron nuevos mercados para los pescadores y el número de familias involucradas en la producción pesquera casi se duplicó, de 937 en el 2015 a 1.757 en el 2018. “La mayor satisfacción es que hemos encontrado estabilidad económica al criar y vender pescado. Con estos ingresos, nuestra calidad de vida definitivamente ha mejorado ... "dijo Ana Aguilera, una piscicultora y restauradora.

Mejora del acceso a la financiación y planificación empresarial.

Peces para la vida trabajó con un banco boliviano para el desarrollo, para desarrollar nuevos productos financieros (por ejemplo, garantías de préstamos, arrendamientos, contratos de crédito, seguros), especialmente para grupos indígenas y para mujeres. Entre el 2015 y el 2017, se otorgaron casi 2 millones de dolares americanos en préstamos, principalmente a grupos vulnerables y empresas familiares.

Se ofreció capacitación especializada para empresarios, que cubrió la planificación, gestión y comercialización de negocios, así como el acceso a productos financieros. "La capacitación ... me ayudó mucho porque no sabía cómo hacer un informe de gastos", dijo Janneth Uzieda, tesorero de la Asociación de Piscicultores del Norte Integrado en Yapacaní. "Ahora los miembros están más motivados a contribuir con sus cuotas mensuales porque puedo explicarles cuánto dinero ingresa, cómo se gastó, y pueden verlo todo como un informe del historial bancario".

Creación de capacidad local y nacional para apoyar a los pescadores.

Se construyó una legislación de apoyo (tal como, una nueva Ley de Pesca y Acuicultura Sostenibles), y se desarrollaron políticas sectoriales, sistemas de gobernanza, planes de gestión de la pesca y tres regulaciones específicas para la pesca, incluida la pesca indígena. Se desarrollaron nuevos estándares para la manipulación e higiene de los peces con la Autoridad Nacional de Seguridad Alimentaria.

Una nueva regulación boliviana, informada por la investigación del proyecto, fue un primer paso hacia la legalización y gestión de la pesca de paiche y la mejora de las oportunidades de mercado. La creación de “plataformas” de mesa redonda de múltiples interesados ha mejorado la capacidad del sector para el liderazgo, la gestión y la comunicación, y ha creado un modelo para la inversión municipal en la infraestructura de la piscicultura. Catorce asociaciones de pescadores y 12 asociaciones de piscicultura fueron legalizadas y se logró una nueva cadena de valor de cuero de pescado a través de un acuerdo entre la federación de pescadores y la industria del curtido. Se creó el Comité Inter-institucional del Norte del Amazonas para el Control de la Pesca y la Comercialización entre la federación de pescadores cada vez más fortalecidos y el gobierno, lo que representa un primer paso hacia una plataforma de gestión conjunta.

¿Cuál es el próximo paso?

Tanto la producción como el acceso al pescado han mejorado. Tras una decisión informada por el proyecto para permitir la pesca de paiche en el departamento de Pando (se prevé que aumentará a 1000 toneladas por año), y un plan del gobierno para comprar 500 kilos de pescado por mes para su distribución a los supermercados en el norte del Amazonas, estos números seguirán aumentando.

La piscicultura continúa expandiéndose a la par que la demanda. Es necesario seguir trabajando para apoyar una nueva colaboración entre la federación de pescadores y el regulador nacional de pesca, para mejorar la gestión y el control de la pesca; construir capacidad de gestión empresarial; y garantizar un suministro confiable de peces de las pesquerías de pequeña escala. También se requiere una mayor inversión gubernamental para promover el valor de las regulaciones de pesca sensibles al género a las organizaciones pesqueras, y para promover el trabajo de transformación de género en la pesca y la acuicultura.

El fondo, Canadian International Food Security Research Fund, es financiado en conjunto por el IDRC y Global Affairs Canada.

Aprenda más acerca de este proyecto y sus resultados.